viernes, 3 de agosto de 2012

Una mujer con suerte

Cuento publicado en la antología llamada "¡Basta! + de 100 hombre contra la violencia de género" de la Editorial Asterión. Me encantó participar en esa iniciativa contra la violencia de genero.

-----------------------

Temprano atiendo a mi amor, le preparo sus cosas, rapidísimo porque mi hombre así lo
necesita. Hago relucir el hogar, aunque mi bebe lo dificulte. Salgo a pasear. Y me pongo egoísta, me dan ganas de descuidar mis deberes, como mis vecinas. A veces me miran feo, pero sé que es pura envidia por lo afortunada que soy. Antes de las 5 de nuevo a trabajar, llega mi amor y debo atenderlo. Un rico café, pan calientito y muchas opciones para untarle, solamente lo mejor para quien ocupa mi corazón.

Mucho aprendí de él. Le debo mi techo, mi alimento, mi hijo hermoso y alegría infinita;
he aprendido dedicación y prolijidad. Tardé en entender la suerte que tengo, pero me ayudó; sólo me costó unas cuantas lagrimas, sangre tibia y algunas fracturas; pero le agradezco. Soy una mujer con suerte.

domingo, 17 de junio de 2012

Fotografía vital

Te tomaría de la mano y detendría el tiempo, toda acción quedaría paralizada. Te llevaría a ver un patio de juegos, donde los niños se divierten con sus pequeñas sonrisas y sus corazones henchidos de tanta vida; imaginaríamos que imaginan esas mentes intranquilas para las cuales todo es nuevo y mágico; donde las explicaciones cientificas no tienen cabida, porque no siguen nuestra lógica pragmática. Cruzaríamos las calles de cualquier ciudad viendo los rostros de las personas; alegres, enojados, esperanzados, entusiastas, indiferentes. Llegaríamos al parque y veríamos los que no observamos; las aves, los insectos; el sol, las nubes. Repararíamos en los detalles hermosos, en las similitudes entre el parque y los rostros; en como nos separamos de la naturaleza en nuestras fortalezas de cemento, pero al final del día lo bello de la naturaleza se refleja en nuestras miradas; en lo hostil y salvaje, en lo sencillo y alegre. Pararíamos por aquellos lugares tristes, cementerios y hospitales, donde se ve día a día la fragilidad de la vida; pero, con el tiempo detenido, sería evidente para nosotros que esa persona que parte sigue viviendo en su familia y amigos que siguen luchando por tener una mejor vida, o solo una más tranquila. Muchos lugares podríamos recorrer, pensando que tenemos todo el tiempo del mundo (o no existe tiempo en verdad). La vida está construida por pequeños momentos que tratamos de recordar, algunas personas los detienen para siempre y toman fotos. Pero lo importante de las fotos es lo que nos evocan. En como podemos rescatar las emociones en las miradas, la alegria de los niños, la naturaleza de los adultos, lo sencillo de respirar. No detengamos nunca más el tiempo, acumulemos todos los segundos en millones de fotografías y permitamosnos vivir todas las emociones, para que cuando partamos podamos dejar un álbum rebosante de momentos que nos llevaron a donde quisimos estar, con quienes quisimos estar.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡Quema!

Enciendo el motor, la noche aguarda. El odio que me consume se canaliza en mi cerveza y lo expulso con la velocidad que estoy tomando, sacándole trote a mi auto. La carretera está despejada, lo que facilita mi viaje. Otro sorbo más a la cerveza y la penumbra me consume, dejando atrás las luces de la cuidad. Me detengo a mear y la luna se proyecta cien metros más allá, el perfil de una mujer haciendo dedo en mi rumbo. No hay más nada que perder y tomo el volante para invitarla, apenas teniendo claro en qué dirección iba yo; sólo sabía que el estanque estaba lleno y nadie me esperaba en casa.

Al principio me miró y desconfió un poco; miró su reloj y mi cara de indiferencia para el mundo. Puso su bolso en el asiento trasero. El motor rugía cada vez más y ella sintió la necesidad de hablarme, de sacarme de la embriaguez de la velocidad (y del olor a cerveza que era evidente). No sé cómo ni cuándo, pero en un flash me encontraba aparcado y solo, gozando. Ahora sólo sé que ya no quema tanto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La vida de las tortugas

La vida de las tortugas
puede ser larga o fugaz.
Unas salen del cascarón
y mueren secas, sin amor.

Otras luchan tenaces
pelearean muy vivaces
y la orilla alcanzarán
su gran destino, ver el mar.

No saben donde encallar.
Su límite final, el mar.
Se dejan llevar valientes
sin miedo, por la corriente.

Ve y nada siempre libre,
déjate flotar cual mimbre.
La corriente te va a cobijar
a un sueño lindo alcanzar.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Momentos construidos

A medida que crecemos, cada vez es más nuestra la vida. Los segundos nos pertenecen y los apostamos; desde los que perdemos cuando cerramos los ojos para recibir un regalo; hasta los que usamos para pelear y discutir con alguien, dejando de lado la luz de los que nos rodean, pero con la esperanza de que ese alguien al otro lado nos entregue un poco de luz y él (o ella) reciba luz de nuestra parte también. Pero el tiempo no es lineal, podemos revivir nuestros recuerdos, podemos hacer lo mismo una y otra vez; mas, elegimos no hacerlo, no perdemos tiempo y luz en ello.

Todos confabulamos para que las cosas no pasen de una misma forma dos veces, así nos entretenemos; y cómo no podemos hacer las mismas cosas dos veces, más que invertir segundos diseñamos nuestra vida. La quimera del tiempo no sería tal si no tuviéramos relojes, no cabría más que en momentos: día y noche; cuando dormimos y cuando estamos despiertos. Dividimos la via en momentos, pero como cual arquitecto piensa en un lugar mejor para vivir diseñamos lo que queremos.

Cosa curiosa la de los arquitectos, ya que se dice que pelean con los constructores; que sueñan casas confortables para sus habitantes; que son artistas al servicio de su arte, tan importante que muchas veces ese arte se transforma en hogar. No en vano la palabra viene del griego y significa el primero en la obra; el jefe de la obra… Si revisamos eso no es raro el pensar porque una cierta creencia signa a dios como el “Gran Arquitecto”; y tampoco es raro pensar que como es el jefe se pelee con algunos, ¿qué jefe no ha peleado alguna vez con sus trabajadores a cargo?

El diseñar, el construir, mejorar, ampliar nuestra vida; como arquitecto de la existencia (de nuestra existencia), es una tarea ingrata y a veces peleamos con nuestros trabajadores, a veces se nos atrasa el proyecto, a veces somos solo felices con cuando paredes en pie porque vivimos el momento.

Y al final del día, para ser felices, para llenar nuestro hogar con la decoración que quisiéramos tener, ver la vida con los colores que escogimos no es más que nuestro trabajo como jefe de nuestra obra; la cual no dura más que un momento, tal como el momento que demora el aleteo de un colibrí, un suspiro o el recuerdo quien añoramos que vuelva.

lunes, 18 de octubre de 2010

Pedes in terra ad sidera visus (los pies en la tierra, la vista en el cielo)

Algo que escribí hace tiempo ya y que ya no me importa mucho, compartir con el mundo.
---------------------------------------------------------------------------------
 
- ¡Tiiiii, tiiiii!- El desagradable ruido del despertador invade mi habitación. El reloj marca las siete de la mañana y yo me desperezo frotándome la cara y bostezando, luchando contra las sabanas que no me quieren dejar ir. Tú aún duermes; al sonido del radio reloj sólo te giraste. Acaricié tu pelo y te mandé una sonrisa que nunca recibiste.
Puse en pie mi cuerpo desnudo, apurándome para llegar a la cálida ducha. El agua recorre mi cuerpo diciéndole que debo estar más alerta y debo dejar de soñar. Al salirme espera el frío terno, pero me hace feliz porque me veo bien en él; también, me hace feliz el queso humeante y derretido en mi pan de la mañana. Así, con mi rutina matutina completa, cierro la puerta de nuestro hogar no sin antes lanzarte un beso y desearte el mejor día de tu vida.
Aún tengo tiempo y prefiero caminar, siempre, no hay mejor forma de llegar a destino que con tus propios pies. Pero, mi ideal fantasía  se rompe cuando consulto mi reloj y me recuerda que no debo volver a llegar tarde. Subo al micro; dada la hora esta repleto, pero yo estoy solo, el resto no existe. Esa habilidad la aprendí cuando pequeño, en que ciertas personas me dejaron solo, sólo convivía con mi imaginación. La cosa es que después de un buen rato llegue al liceo, ansioso por hacer lo que me gusta. Las clases sobre Platón, Aristóteles, Kant, me excitan de sobremanera, me recuerdan que somos muchos los que buscamos (y buscaron) la felicidad, ahora siento que la tengo y que aun me falta abrazarla, por lo menos eso creía.  Después de tratar de hacer abrir lo jóvenes ojos de mis alumnos con pensamientos acuñados hace miles de años y con el propósito de que ellos logren tener y construir los suyos propios; descanso, miro hacia el cielo y sueño. Recuerdo como para Kant su felicidad era irse a vivir sin nadie más que él mismo, en un lugar apartado para no dañar a nadie ni ser malo con nadie y que nadie le pueda hacer daño, y pensaba que no me importaría estar solo, sólo con ella, porque ella me enseñó a pensar en otros, en que juntos podemos construir algo mejor, más grande, más ambicioso. Ese era mi nuevo ideal, después de muchos años creyendo que desde mi solitaria posición podría lograr lo que quisiera porque no tendría que arrastrar a nadie.
Regreso a casa, aún no vuelves, eso significa que llegarás cansada, lo entiendo, te espero, siempre te esperaré aunque no lo quiera. Para ganar tiempo te preparo lo que te gusta, quizás no soy bueno con las palabras, pero me gusta cocinarte. Se hace muy tarde y me tiro en la cama mientras enciendo el televisor. Tu comida ya esta fría, y el cansancio mental de tanto pensar me hace sucumbir y duermo. Entre sueños oigo que llegas y revuelves los platos, comes y te acuestas. Yo quiero saludarte, abrazarte y quererte, pero el letargo no me deja, son las sabanas que esta vez ganan la batalla.
- ¡Tiiiii, tiiiii!- Nuevamente el chillido me pone en pie, pero esta vez es distinto, como que mi cuerpo no me deja levantarme, no quiere  quebrar la quimera en la que estoy absorto, pero lo hago. Algo aprieta mi pecho y pronto descubro qué es. No estás a mi lado, es raro que esto pase, y me entra una preocupación súbita. Pero me auto convenzo de  que no es nada importante y retomo mi rutina matinal, pero le agrego al ritual una llamada telefónica a ti. El breve timbre acaba con una voz que me dice que tu celular esta apagado o se encuentra fuera del área de cobertura; ¡qué estupidez! Tendrías que estar perdida en el desierto para que eso ocurriera, así que es más que claro que no está encendido. Cierro la puerta y pienso en ti, te vuelvo a desear que sea el mejor día de tu vida.
Nunca había demorado tanto en encontrar la llave, hacerla entrar y girarla, el presentimiento era horrible, no sabía que pensar. Logro abrir la puerta que se había tornado en el más intrincado puzzle de la vida (cómo todo se hace más difícil cuando de verdad lo queremos). Las habitaciones olían a soledad, ya no era un hogar, ahora era solo una edificación destinada a la habitación. Lo único que dejaste fue una nota, mis ojos solo pasaron por las letras temblorosas y sortearon las lágrimas que habían corrido algunos caracteres. Lo único que recuerdo es que me pedías perdón por marcharte, pero ya que no era lo mismo, que debía despertar del sueño continuo que, como sueño, era demasiado hermoso, pero como realidad nunca tuvo intenciones de nacer… lloré, lloré y lloré.
Mi pensamiento era ágil y no paso mucho tiempo para descubrir algo, descubrir que el despertador nunca me despertó, descubrir que esa agua que recorría mi ser nunca me puso en alerta; descubrir el porque todos mis amigos filósofos nunca supieron nada de la vida. Tuve una dura pelea, ya no hablaría más con ellos. No consultaría más sus anécdotas, y las de ninguno. Improvisé una cuerda con las sabanas, las mismas que tampoco me dejaron salir del trance hipnótico, las puse alrededor de mi cuello y me acerqué al balcón dispuesto a saltar. Me temblaban las manos y no entendía el por qué, ya que mi corazón haba dejado de latir y claramente mi cerebro había dejado de funcionar. Nunca imagine que me iba a decidir a hacer lo que estaba por hacer.
Puse mis pies en el borde, y los talones no me dejaban cometer la cobardía que esta por consumarse. En un momento me sentí libre, en el mismo instante en que el viento acarició mi cuerpo como pidiéndome que me arrepintiera, pero en ese momento ya nada valía la pena. Decidí abrir mi mente y volver a pasear por mis recuerdos, buenos y malos. Pasear por lo aprendido en los años y por lo que añoraba por aprender. Me detuve en un día en especial, en una tarde, en un momento, y te vi con una rosa amarilla en tu pelo. Recuerdo muy bien que cayó una lágrima de mi ojo derecho y recorrió mi mejilla, yo pensé en ese momento que era por una reacción al smog o alérgica, pero recién ahora entendí que mi alma agradecía el poder haberte visto. Dudé un momento, y recordé todos los planes, todos los castillos creados en el aire y entendí lo que una vez San Agustín le dijo a sus estudiantes: “Pedes in terra ad sidera visus” (Los pies en la tierra, la vista en el cielo). Volví a llorar. Pero, a pesar de lo reflexionado, a pesar de lo recordado y aprendido, algo debía morir, y salté…
Los sedantes me tenían atontado, sin embargo, no necesitaba sedantes para darme cuenta lo tonto que fui. Alguien me vio llegó a tiempo y me sacó del precipicio en el que me había lanzado. Decidí poder hacer algo por mi vida y por la de los demás y soñar en mis metas y anhelos, queriendo hacerlos posibles, trabajaría para ellos. Efectivamente, algo murió ese día en mí, no se si para bien o para mal, pero esa vez sabría darme la oportunidad de no volver a cometer la cobardía de escapar de mis problemas, ni solucionarlos con cosas que jamás pasarían, sino un poco de ambos. Me senté en la camilla y una rosa amarilla adornaba mi velador, y lo agradecí porque me pude despedir.